sábado, 25 de febrero de 2012

MARTIN MARTINEZ PASCUAL


MARTIN MARTINEZ PASCUAL

Sacerdote Martir de la GCE


La historia de hoy es especialmente emotiva para mí. Frente a la memoria histérica de algunos, el retazo de historia que traemos aquí hoy, nos habla de amor de sacrificio y de entrega, pero lo que mas me ha impactado siempre de la fotografía es la serenidad ante la muerte que nos demuestra     Martín. Parece mentira, que alguien que va a morir en breves segundos pueda tener esa expresión de paz, de serenidad, de perdón. Solo porque sabemos a ciencia cierta, la historia de la fotografía, nos podemos creer su autenticidad
No se trata de ningún actor de moda. Está mirando a un fotógrafo ruso unos segundos antes de que le fusilen, es el 18 de agosto de 1936.
Es un sacerdote de 25 años que se llama Martín Martínez Pascual.
Ha ido a su pueblo Valdealgorfa, provincia de Teruel  a pasar unas vacaciones de verano con sus padres y le ha sorprendido allí la guerra.El 26 de julio, avisado de que lo buscaban para matarlo, se escondió en casa de algunas familias amigas. Más tarde huyó a una finca a tres kilómetros del pueblo y se ocultó en una cueva.
El 18 de agosto por la mañana detuvieron a todos los sacerdotes que había enValdealgorfa. Al no encontrar a Martín, encarcelaron a su padre. Inmediatamente, la familia envió recado a D. Martín para que escapara. Pero éste, en cuanto se enteró, echó a correr a toda prisa hacia el pueblo para presentarse al Comité. Un miliciano muy amigo le salió al paso, rogándole que huyera; pero Martín le dijo que no podía consentir que su padre padeciera por él y que quería correr la misma suerte que los demás sacerdotes. Ya ante el Comité, este miliciano todavía quiso salvar a Martín, diciendo que se trataba de un joven estudiante. Pero él confesó que era sacerdote y dio a su amigo un abrazo para que lo transmitiera a su familia. “Yo quiero morir mártir con mis compañeros”, decía.

Como vemos este asesinato de los “libertades” adquiere la categoría de martirio heroico por parte de Martín, dándonos una lección de cómo sabe morir un soldado de Cristo, Para él nuestro emocionado recuerdo, que esta claro, que oraciones no le hacen falta, para ganar la gracia divina.


Manuel Maqueda